DESANGELADAS

“Ángeles ya no es lo que era. Antes echabamos partidas de poker y debajo de la mesa había una chica haciendo mamadas, lo divertido era imaginarse a quien se la estaba chupando; o cuando poníamos las propinas a las bailarinas de la barra, que se dejaban apilando unos cuantos centavos encima del botellín de cerveza, entonces la chica se acuclillaba y los recogía con el coño, nosotros calentábamos los centavos con un mechero y te morías de la risa cuando la tía salía corriendo y gritando porque se había quemado el chocho.”

Ángeles City se encuentra a una hora y media en autobús desde Manila hacia el noroeste. Es una ciudad prospera porque hay un aeropuerto internacional, re-construido por el gobierno a principio de los 90’s después de que el volcán Mount Pinatubo asediara la zona evacuando a 60.000 civiles y a 18.000 militares estadounidenses que trabajaban en la base militar que allí fue construida a principios de siglo. Tras la erupción del volcán y el desalojo de la ciudad el gobierno de los Estados Unidos no volvió a habilitar la base aérea, tampoco construyeron otra base en Filipinas ya que el Gobierno Filipino no renovó el tratado que permitía a las fuerzas militares norte-americanas tener un control militar en el país.

Dos años después de la erupción, en 1993, cuando la ciudad estaba deshabitada y toda las empresas habían decidido que era una zona de alto riesgo para invertir, el gobierno reconstruyo la base en aeropuerto, tratando de atraer las inversiones de nuevo, y así fue, dando como resultado una de las ciudades más prosperas de Filipinas para cerrar negocios, para el turismo y para el juego.

Cuando aterricé en Manila y cogí uno de los autobuses que pasaban por Pampanga, la provincia donde se encuentra Ángeles City, sólo sabía que era la ciudad del turismo sexual más barata y aconsejable para tener sexo rápido. Información que provenía de diferentes foros de Internet donde turistas sexuales cuentan sus experiencias al mundo, comparan destinos y dan consejos con aires de conquistadores a los novatos ansiosos por iniciarse.

En la estación de autobuses cogí un moto-carro e indique que me llevase a varios hoteles que había buscado por Internet; la oferta de habitaciones nada tiene que envidiar a la que hay en Benidorm, desde habitaciones baratas  con cama y ventilador hasta lujosos hoteles donde las habitaciones vip cuentan con jacuzzy, barra de bar y piscinas. Hasta que di con el que definitivamente fue mi hotel por dos semanas me cruce con varios turistas sexuales; eran las 10 de la mañana cuando un anciano se despedía de dos chicas jovencitas, sonriente él y sonriente ellas, bromeaba y las pagaba un “trike” (las motocicletas con carro que hacen servicios de taxi) de la misma manera que un abuelo da la propina a sus dos nietas para que se compren un helado. En el Marquis Hotel un hombre australiano charlaba a carcajadas con la recepcionista, una noche de hazañas sexuales había terminado y un nuevo día de conquistador comenzaba parecía trasmitir su sonriente y blanquisima dentadura. Al interrumpir con mi llegada y antes de que pudiera quitarme la mochila, el ex-marine australiano enérgicamente me pregunta mi edad, respondo que 28 años, el se ríe y me felicita por haber descubierto el paraíso tan joven; tres días después recuerdo la conversación cuando tengo que salir de uno de los clubs con las tripas saliendo por la boca  (arcadas)  por ver una felación de un niña de 18 años a un hombre de 60 a las 2 de la tarde.

Son las 12 del mediodía, el calor es insoportable y recorro sin orden las calles de Ángeles City mientras pienso en las normas que tiene el hotel y que me ha enumerado el mozo de llaves. La primera es que mi habitación no da derecho a llevar a más de dos chicas a la vez; la segunda es que ninguna mujer que haya entrado conmigo podrá salir del hotel sin que yo antes de mi aprobación a través de una llamada de teléfono a mi habitación; y la tercera es que sólo tengo derecho a un cambio de sabanas por día. Sin darme apenas cuenta estoy de lleno en el parque de atracciones del sexo, donde todo esta reglado, donde todos los clubs tienen un modus operandi común, donde todas las atracciones tienen un precio y donde me puedo montar en las que quiera y cuantas veces quiera.

La bienvenida al distrito de Balibago te la dan las relaciones publicas de los clubs; enfermeras en minifalda, conejitas estilo playboy, chicas en bikini y vestidos de noche hacen su trabajo cobijadas bajo la pocas sombras que el sol de mediodía deja. Inocentemente siempre había creído que el consumo del sexo se hacía por la noche, cuando la oscuridad protege de miradas indiscretas, pero Fields Avenue (una calle de apenas 900 metros con más de 50 prostibulos) abre todo el año a todas horas y no existe nada que despierte la conciencia del cliente, es su satisfaciendo la que prevalece cualquiera que sea la hora. Abrumado y nervioso por las llamadas, los coqueteos y miradas lascivas de las relaciones públicas decido entrar en Tresure Island, donde no había chicas que te recibiesen con sus juegos. Para mi sorpresa, descubro tras la puerta un local minúsculo donde 20 chicas en braguitas y camisetas blancas recortadas a tijera cubriendo lo justo para tapar los pezones vitorean mi entrada con un saludo al unísono que no comprendo. Atravieso el club en 20 pasos hasta llegar a la barra. El trayecto se me hace eterno mientras me veo reflejado en espejos que cubren por completo las paredes de los 50 metros cuadrados de local y noto las miradas que me siguen y analizan cada paso. “Una cerveza, por favor.”

Peter, John y David son tres ex-marines retirados, dos de Australia y uno de Estado Unidos. Conocieron Angeles cuando estuvieron destinados en la base militar de Clarks, creada durante la segunda guerra mundial para desplazar a las tropas japonesas que habían tomado Filipinas. Ya entonces consumieron sexo, después encontraron el amor de una filipina cuando decidieron volver como turistas y por último se juntaron para abrir dos locales el Lollipop y Tresaure Island. No son grandes emprendedores y tampoco tienen una visión de negocio innovadora, tan sólo copiaron lo que allí ya había y lo que los clientes han ido moldeando como su paraíso durante más de 40 años. Una vez conocido un local y una vez conocidas las reglas iguales para todos el parque de atracciones de Fields Avenue te abrirá sus puertas, ya tendrás el doctorado para consumir todo el sexo que seas capaz. El objetivo son las chicas y la mediación es el alcohol, edulcorado con nombres románticos evitando siempre la palabra prostitución ya que en Filipinas esta prohibida y esta castigada con penas de cárcel.

Local Drink (1 €) El cliente toma asiento delante de la barra de baile resguardado por la cerveza que acaba de adquirir, las chicas comienzan a interpretar su papel de seductoras, contorneando su cuerpo, mirando coquetamente a los ojos del cliente y de vez en cuando mostrando un nerviosismo infantil haciendo que el cliente se sienta especial por haber despertado la atracción de una de las chicas. La mamasan hace su aparición, ella es la jefa de las chicas, y su cometido es hacer de enlace entre el cliente y la niña. Es entonces cuando comienzan los diálogos rutinarios que no despertarían las neuronas de un preescolar y que se repetirán hasta la saciedad en todos los clubs: “Como te llamas?, en que hotel te hospedas?, de donde eres?, vienes de turismo o por negocios? Una camarera interrumpe la conversación para ofrecer más bebida, aprovecha para sentarse al lado contrario al que ocupa la mamasan y comenzará de nuevo con el diálogo rutinario. La  mamasan y la camarera te incitaran a que elijas una de las guapas chicas que bailan.

Ladies drink (2€) será el peaje a modo de invitación a una bebeida para que la bailadora se siente a tu lado desplazando a la camarera que ya ha tenido su oportunidad con el cliente, porque efectivamente cualquier mujer que este dentro del local tiene su precio. Al igual que todas tienen la obligación de llevar colgado de manera visible dos tarjetas identificadoras, cuando no una tercera con un número para facilitar la elección del cliente como si de una carnicería se tratara. El primer ID  se actualiza semanalmente y certifica la inspección técnica de sanidad que todas las chicas han de pasar, el segundo recoge los datos personales con una fotografía y un V en el caso de que sea virgen, allí se las llama cherry’s girl y junto con la mamasan decidirán a que precio vende su virginidad.

Diamonds drink (20€) es el nombre edulcorado y oficial que se le da a la consumición que permite llevarse a la chica del local, aunque es Bar Fine (multa del bar) el que se utiliza realmente y el que sin duda describe la hipocresía de los managers de los clubs, pues como literalmente se traduce será la multa que el cliente paga al bar por llevarse a una de sus trabajadoras; multa? No están allí para eso. La sanción se repartirá a medias entre la chica y el local, lo mismo que ocurre con las Ladies Drinks.

A las 7 de la tarde de mi segunda jornada en Ángeles me reúno con Peter, uno de los managers que conocí el primer día. Tiene la oficina en el club Lollipop, en el almacén. Allí me recibe en pantalones cortos, camiseta hawaiana ancha y una coletilla de pelo blanco que bajo su punto de vista le otorgará una juventud de la que carece. Hay una mesa llena de papeles apilados donde descansa un ordenador viejo y apagado; el esta firmando permisos del bar. Me explica que mientras las chicas no estén desnudas en el club, podrá seguir actuando como si de un bar normal se tratará. “Los clubs han traído dinero y desarrollo a Angeles, la hemos hecho prosperar; desde que estamos aquí hay servicio de transporte, hay clínicas, hay un centro comercial y supermercados abiertos las 24 horas” Efectivamente, también hay hoteles de 200$ la noche, casinos, veladas de boxeo, fiestas de champan y 10.000 chicas provincianas con las que tener sexo. “Ni siquiera me tengo que ocupar de traer nuevas chicas, son las primas, las hermanas o las amigas de las que ya trabajan aquí quien las traen”. El sueldo de una bailadora son 130 pesos (algo más de dos euros) y 100 pesos las camareras por día de 10 horas de trabajo; un sueldo de un fast-food en Angeles son 200 pesos que se triplicaría si fuese en Manila. Las cuentas son claras para Peter: “por cada hombre que se tome dos cervezas (2€) pago la jornada de una chica, de ahí en adelante será la chica quien tendrá que conseguir Ladies drinks poniendo caliente a los clientes; cuantas más se beba ella más dinero conseguirá, más desenvuelta actuará y más caliente pondrá al cliente; y cuando el cliente se calienta la mitad del dinero va para el bar que es mío”. La otra mitad va para la chica quien se ve capaz de triplicar en una sola jornada un salario de empleado medio y cuando ella aparece en su provincia vestida de chica de ciudad, y con dinero con el que ayudar a la familia, los primeros en no oponerse a la prostitución son los padres, que se escudan en el desconocimiento, pero el cura tampoco se altera, ni da charlas de moralidad cuando todos van a misa cada domingo, ni la vecina que deja marchar en el siguiente autobús a sus dos hijas para traer dinero de Ángeles City; en realidad son como el gobierno Filipino que prohibe la prostitución con un cartel bien grande que dice: “Welcome to Angeles City” disfrute de sus negocios y de la divertida nightlife de nuestro parque de atracciones sexual.

Recuerdo haber contenido la risa más de una vez al escuchar atentamente de boca de un jubilado turista sexuales afirmar rotundamente que él, al ser blanco es para las filipinas como Bratt Pitt o Leonardo Di Caprio ó que las chicas gustan las narices grandes porque hacen al hombre blanco mucho más atractivo. La situación pasa de lo gracioso a lo deprimente cuando los clientes te aseguran que ellos despiertan la atracción de las chicas, que cuando llegan a Angeles se sienten más machos y más conquistadores, que en su país no levantan las miradas de nadie, pero aquí en Ángeles si. Y es por eso que hay pocos forasteros nuevos, casi todos son jubilados que llevan dedicando sus vacaciones de los últimos 10, 15 o 20 años a consumir sexo durante un mes en esta polvorienta ciudad sin más atractivo que el del sexo fácil y barato. Esa supuesta felicidad que me trasmiten se desmorona cada vez que me cruzo por las calles con un blanco, que cabizbajo deambula por la calle, inexpresivo, inalterado, desviando la mirada si esta se cruza con la mía. Con un paso cansino y rostro aburrido como queriendo decir que ya no existen sorpresas para él.

En el Cherries Bar conozco a Gina, una chica de 22 años que ya es una veterana de Ángeles, ella sabe que su fecha de caducidad esta próxima, que a pesar de estar tersa y afirmar que su puki (vagina) sigue prieta carece ya del brillo en los ojos de las niñas nuevas que llegan a la ciudad. Invitado por ella puedo acompañar a un grupo de las jornaleras del Cheries una vez que este cierra a las 10 de la noche. Me sorprende seguirlas a los locales de una calle paralela a Balibago ( donde más establecimientos de prostitución hay); los locales son minusculos Karaokes donde hay filipnos jovenes atrayendo las visitas de los transeúntes. El desmadre comienza para este grupo de 6 chicas, las mesa de plástico se llena de cacahuetes hervidos, rodajas de pepino con salsa picante, brochetas de patas de gallina y mangos acidos con sal gorda y guindilla. 7 cervezas locales, la “Red horse” de alta graduación y la que menos se ve en los clubs de alterne, pero que las chicas beben con ansia en vasos con hielos y un micrófono recorre las diferentes mesas de mano en mano donde sólo hay niñas prostitutas. De repente, los filipnos jovenes que atraían  clientela en la entrada a los karaokes se juntan para bailar sensualmente en el centro del local; las chicas se desmadran, gritan y finalmente alguna invita a una cerveza a uno de estos chicos que se sienta a su lado y furgurazmente se convierten en una pareja cariñosa y romántica que dura lo que la Red-Horse aguanta en el vaso hasta ser bebida.

Se convierte en una rutina, cuando termino mis visitas a otros locales cámara en mano tratando de retratar a las chicas, me desahogo junto a mis “nuevas amigas” del Cherries Bar. Con confianza suficiente pregunto a Marneli, una provinciana de 18 años, por la noche anterior cuando ella no vino al karaoke:
Estuve con un cliente
Te trato bine?
O o (Si!)
Era guapo?
O o (Si!)
Pero, es que era joven?
No! Mayor!
Y no preferirías uno más joven?
No, los jóvenes mucho “boom boom”, con los mayores sólo con la boca y la mano y sólo una vez.
Mi sonrisa de afirmación esconde una gran lastima, veo fuera de mi alcance poder entender una mínima parte de lo que esta chica sentirá, pero puedo hacerme una idea de que el sexo, el pene, los besos, las caricias son simples acciones que nada tienen que ver con la atracción, el cariño y mucho menos el amor. Como trasmitirán ellas el cariño y el deseo? Es un pregunta de la que nunca obtuve respuesta. La noche acaba como tantas otras. El Cheeries Bar esta apagado, dentro se apilan los taburetes y los sofás están cubiertos de sabanas, una biblia junto a un vaso y el movil ocupan parte de la superficie de la barra de bar que hace a su vez de mesilla de noche. Gina enciende las luces, el sonido de los focos de colores en movimiento y los flashes de luz blanca llenan la estancia de luz; no suena la música y las chicas no se despiertan, pero tengo luz suficiente para poder retratar el descanso de estas niñas.

Algunas mañanas paso por una peluquería que esta justo en la salida de mi hotel, donde Lurada una madre filipina con negocio propio y tres hijas me afeita. No hay mañana que no me pregunte alegremente si ya he encontrado una novia guapa filipina. La respondo que no la estoy buscando y que lo que pretendo es hacer un trabajo; ella ríe desacreditando mi respuesta. “Aqui las chicas son muy bellas, seguro que te lo estas pasando muy bien por las noches junto a ellas” Sigo argumentando que no estoy interesado en la prostitución y le pregunto que opinión tiene sobre ella; su rostro cambia y su sonrisa desaparece, he pronunciado prostitución y aquí en Filipinas es ilegal. Me dice que a ella no le gusta el “ligue hombre viejo blanco – niña filipina”  (diciendo ligue en lugar de prostitución), “antes parecías estar a favor” la respondo. Con seriedad me dice que traen mucho dinero a la ciudad, que la mayoría de sus clientes son forasteros blancos. “Van tus hijas con chicas provincianas de los clubs?” Responde que ni hablar, que no permite que sus hijas se junten a ninguna de las que alternan con los clientes, que sus hijas estudian y van a tener un buen trabajo; sin embargo las prostitutas provincianas a las que no quiere que sus hijas se acerquen nutren su peluquería de clientes blancos a los que ella recibe con alegría. La misma hipocresía sucede con el gobierno filipino, con la iglesia de este supuesto país católico y con todos los negocios que se aprovechan del turismo sexual para hacer caja, creando una falsa apariencia, negando lo que pasa ante sus ojos,  para no afirmar que se están enriqueciendo gracias a adolescentes prostitutas. Y las que se llevan la peor parte del pastel son las niñas de provincias, quienes agasajadas por el dinero fácil aceptan y siguen a sus primas, vecinas o hermanas para acabar en Ángeles City, donde nadie las juzgará, ni las criticará directamente, al revés, aquí se rodearan de una atmósfera falsa donde la gente las aprueba, las ignora también, pero las ponen en los clubs de la calle Balibago a hacer mamadas, a dejarse manosear los pechos, a besar a jubilados y a acostarse con ellos; con tal de que en sus vidas siga entrando dinero de los turistas sexuales.

La serie de fotografías “Desangeladas” tiene el premio Luis Kasado 2010 de fotoperiodismo, valorado en 6.500€

Gracias al premio ahora estoy en Indonesia, haciendo reportajes donde los protagonistas me enseñan modos de vida que nada tienen que ver con vidas triunfadoras, pero que son un claro ejemplo de lo que es sobrevivir.

Texto y fotografias: Diego Vergés